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IGF-1
IGF-1 significa factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 y es una proteína que actúa como una hormona en el cuerpo. Se produce principalmente en el hígado y también en otros tejidos, y viaja por la sangre para comunicar señales de crecimiento y supervivencia a las células. Cuando se une a su receptor en la membrana celular, activa una cascada de señales dentro de la célula (por ejemplo PI3K/AKT/mTOR) que controla la división, el tamaño y el metabolismo celular. Esa señalización es importante durante el crecimiento infantil, la reparación de tejidos y el mantenimiento de órganos a lo largo de la vida. En el sistema nervioso, IGF-1 ayuda a proteger neuronas, favorecer la plasticidad y apoyar funciones como la visión y la memoria. Los niveles de IGF-1 cambian con la edad, la nutrición, el ejercicio y enfermedades; suelen ser más altos en la juventud y bajar con el envejecimiento. Tanto niveles muy bajos como muy altos pueden ser problemáticos: deficiencias afectan el crecimiento y la recuperación, mientras que niveles excesivos se han asociado con mayor riesgo de ciertos cánceres.
Por eso IGF-1 es objeto de estudio en medicina para entender enfermedades, desde trastornos del crecimiento hasta condiciones neurodegenerativas y metabólicas. Se puede medir en análisis de sangre para ayudar a diagnosticar alteraciones hormonales o monitorizar tratamientos. Además, algunas investigaciones buscan maneras de modular su acción para proteger células vulnerables o frenar procesos dañinos, aunque cualquier intervención requiere equilibrar beneficios y riesgos. En resumen, IGF-1 es una mensajera clave que influye en cómo las células crecen, sobreviven y se adaptan, y entenderla ayuda a mejorar la salud en distintas etapas de la vida.