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reducción del estrés
La reducción del estrés agrupa estrategias y hábitos destinados a disminuir la tensión emocional y fisiológica que acumulamos en la vida diaria. El estrés prolongado activa respuestas del cuerpo que elevan la presión arterial, contraen los vasos sanguíneos y afectan el sueño, el ánimo y el sistema inmunitario. Actuar para disminuirlo no solo mejora el bienestar emocional, sino que también tiene beneficios físicos claros sobre la circulación, el corazón y el sistema nervioso. Entre las técnicas más eficaces están la respiración consciente, la meditación, el ejercicio regular, el descanso adecuado y dedicar tiempo a actividades placenteras. También ayudan cambios prácticos como organizar mejor el tiempo, reducir la exposición a fuentes de tensión y pedir apoyo a familia o amigos. La terapia psicológica y el aprendizaje de habilidades para manejar problemas ofrecen herramientas duraderas para afrontar situaciones difíciles. Reducir el estrés puede disminuir la frecuencia e intensidad de episodios en personas con sensibilidad vascular y mejorar la calidad de vida en general. No es una solución instantánea: requiere práctica y ajustes para encontrar lo que funciona en cada caso. Si el estrés es muy intenso o persistente, es importante buscar ayuda profesional que combine enfoques psicológicos y, si procede, tratamiento médico. En conjunto, la reducción del estrés es una intervención accesible y potente que protege la salud física y emocional a largo plazo.