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Glaucoma de ángulo cerrado

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glaucoma de ángulo cerrado

El glaucoma de ángulo cerrado es una enfermedad del ojo en la que el drenaje del humor acuoso se bloquea por el estrechamiento o cierre del ángulo entre el iris y la córnea. Cuando ese líquido no puede salir con normalidad, la presión dentro del ojo sube y puede dañar el nervio óptico, que es fundamental para la visión. Puede presentarse de forma aguda, con un comienzo súbito, o de manera crónica y silenciosa que empeora con el tiempo. En su forma aguda provoca dolor intenso en el ojo, visión borrosa, halonetos alrededor de luces, enrojecimiento ocular, náuseas y a veces vómitos; estos síntomas requieren atención médica inmediata. La forma crónica suele dar síntomas más leves y progresivos, por eso muchas personas no se dan cuenta hasta que ya hay daño significativo. Entre las causas están una cámara anterior poco profunda, ojos pequeños o hipermetropía, cambios anatómicos hereditarios y medicamentos o situaciones que dilatan la pupila y estrechan más el ángulo. El diagnóstico se hace con un examen ocular que mide la presión intraocular y evalúa el ángulo: a veces se usan pruebas especiales para observar directamente esa zona. El tratamiento inicial busca bajar rápidamente la presión con gotas o pastillas y aliviar el dolor; luego se usan procedimientos como la iridotomía con láser para crear una vía de salida o, en casos necesarios, cirugía para mantener el drenaje. Si se trata pronto, muchas veces se puede evitar pérdida de visión; si se retrasa, el daño al nervio óptico puede ser permanente. Por eso es importante las revisiones oftalmológicas regulares, en especial si hay factores de riesgo o antecedentes familiares, y comentar siempre al médico cualquier dolor ocular intenso o cambios abruptos en la visión. Conociendo los síntomas y acudiendo rápidamente, se puede reducir el riesgo de ceguera y controlar la enfermedad de forma eficaz.