El ejercicio de bajo impacto agrupa actividades físicas que reducen el esfuerzo directo sobre las articulaciones y los huesos, manteniendo a la vez un beneficio cardiovascular y muscular. Entre estas opciones están caminar, nadar, andar en bicicleta, utilizar una elíptica, practicar yoga o realizar pilates. Son especialmente útiles para personas que tienen molestias articulares, están recuperándose de una lesión, son mayores o simplemente buscan una rutina sostenible y segura.
La principal ventaja es que permiten mejorar la resistencia, la fuerza y la movilidad con menor riesgo de lesiones por impacto repetido. También facilitan la constancia, porque resultan menos intimidantes y suelen causar menos dolor después del ejercicio. Para sacarles el máximo provecho conviene prestar atención a la postura, progresar gradualmente en intensidad y combinar distintos tipos para trabajar fuerza, equilibrio y flexibilidad. Si existen condiciones de salud previas, lo recomendable es consultar a un profesional para adaptar los ejercicios a las necesidades personales.