Comprendiendo los Lípidos y la Aterosclerosis en el Glaucoma El glaucoma es más conocido como una enfermedad de presión ocular alta, pero los investigadores son cada vez más conscientes de que la salud vascular también juega un papel. En particular, el colesterol y las grasas sanguíneas relacionadas (lípidos) pueden afectar las pequeñas arterias que irrigan el nervio óptico. Las pruebas de coles...
La perfusión del nervio óptico se refiere al flujo de sangre que llega a esa parte del ojo responsable de transmitir las imágenes al cerebro. Esa sangre aporta oxígeno y nutrientes esenciales para que las células nerviosas funcionen correctamente. Si la perfusión es insuficiente, las fibras del nervio óptico pueden sufrir daño y dejar de transmitir señales visuales. La pérdida de perfusión puede ocurrir por presión intraocular elevada, problemas cardiovasculares, bajas de presión arterial o bloqueo de vasos sanguíneos. Por eso la perfusión es un factor clave en enfermedades que causan pérdida de visión, como distintos tipos de neuropatía óptica.
Medir y proteger la perfusión del nervio óptico ayuda a prevenir daño permanente y a guiar el tratamiento médico o quirúrgico. Los médicos pueden evaluar factores indirectos de perfusión mediante pruebas de imagen y control de la presión ocular y arterial. El manejo incluye mejorar la circulación, controlar la presión intraocular y tratar enfermedades cardiovasculares subyacentes. Cambios en estilo de vida como dejar de fumar, controlar la diabetes y mantener una presión arterial saludable también ayudan. Entender y cuidar la perfusión del nervio óptico es importante para preservar la visión y reducir el riesgo de ceguera.